14 mayo, 2014

El rey ha muerto, que viva el rey.

Las personas somos como los gatos, tenemos una vida echa de muchas vidas. Nuestro paso por este planeta no es más que una colección de pequeñas vidas únicas, irrepetibles, que van llenando nuestro álbum personal sucesivamente. Nadie sabe con certeza donde termina una vida y empieza la otra, lo que sabemos es que efectivamente existen. Diferentes para cada quien, largas o cortas, aleccionadoras o trágicas, nuestras pequeñas vidas se suceden una tras otra formando un largo (o no tanto) hilván que resulta nuestra existencia.
Toda la vida, valga la expresión, nos han dicho lo contrario: vida solo hay una, pero en el fondo sabemos que esto no es cierto. Estamos seguros que estos dichosos fragmentos son reales porque podemos sentirlos, respirarlos, saborearlos, cerrar los ojos y vivirlos. Ahí están, en las yemas de los dedos, casi los tocamos. Casi.
Nuestras vidas se parecen mucho a nuestros zapatos. Son lo que caminamos cada día. Los usamos, los gastamos, los apretamos y aflojamos, y cuando ya no dan más, cuando ya no pueden dar un paso más sin descocerse, es necesario encontrar unos nuevos. No nos queda de otra. No es un momento que nosotros elegimos, sino que está definido por el tipo de calzado, por el tipo de vida. Hay vidas que duran mucho porque están bien hechas, son fuertes, o les dimo poco uso. Otras no tanto. Pero lo que es seguro es que en algún punto, al menos una vez, aunque sea porque el pie nos ha crecido, tendremos que cambiar de zapatos.
Pero al final siempre nos preguntamos ¿qué son esos trozos de vida? La respuesta puede ser simple para algunos, incomprensible para otros, una pendejada para unos más.
¿Años? ¿Mudanzas? ¿Empleos? Para nosotros la vida es una colección de piezas ensambladas que guardan, cada una a su modo, recuerdos, momentos, experiencias, lugares, objetos, personas, y etapas. Vidas y muertes. Una a una, nuestras vidas se entrelazan con las de otros, se separan de algunas más, se fusionan entre ellas y se multiplican en algunos extraños casos. Ordinariamente, con cada vida nos transformamos, mutamos en un sujeto diferente, aunque, por insólito que parezca, a veces nos mantenemos anclados, aferrados a un punto, temblando de miedo. Ésta vida pues, coincidimos, está hecha de partes. Y cada pieza forma el conjunto.
Hoy, sin saber cuántas llevo, ni cuando han cambiado, sé que estoy por terminar una y empezar otra de estas… etapas. ¿Cómo lo sé? Ni idea, pero que se mañana habré dado vuelta en una esquina y pisaré un mundo desconocido. Quien sabe que cucarachas marcianas me vaya a encontrar ahí, pero pues no hay de otra. No hay opción, este veinte, ya se acabó.
Así que pensé en escribir como me siento. Agüitado… sí, curioso, también. Ni sé cómo, la verdad. De lo que estoy seguro es que estoy decidido a ajustarme bien estos nuevos zapatos y a caminarlos hasta que ya no den más. Todavía hay muchas calles que caminar, muchas piedras que pisar y muchos pantalones que enlodar. Así que venga, bienvenida sea nueva vida, te estoy esperando y no te tengo miedo. 

El rey ha muerto, que viva el rey. 



24 enero, 2014

Incompleto

Esta es una noche solitaria y yo daría mis ojos por besarte, pero sería una tristeza porque ya no podría verte más. Entonces daría mi boca por verte una vez más, pero sería terrible porque jamás podría volver a besarte. Daría mis manos por oler de nuevo el perfume embriagador de tu piel, pero no podría vivir más sin sentir tu pelo entre mis dedos. Daría con seguridad mis pies por tener tu piel en mi piel, pero entonces me sería imposible seguirte a donde vayas. ¿Cómo podría vivir lejos de ti, si de cualquier forma me faltaría algo? ¿Cómo es que puedo vivir sin ti, si siempre estoy incompleto?

19 octubre, 2013

En busca de las papas fritas perfectas Vol. 1

Un par de meses sin escribir nada. Mucho, muchísimo trabajo (demasiado diría yo) no me han dejado tiempo ni de cocinar y mucho menos de postear nada por acá. Pero ya basta de pretextos, por eso me he propuesto emprender esta búsqueda de las papas fritas perfectas. 
Primero, amable lector (siempre quise escribir eso) hay que saber cuál es el origen de tan popular guarnición; pero resulta que, la verdad se dicha, no se sabe. Como hijas de padres divorciados, las papas fritas son disputadas por dos países: Francia y Bélgica. 

Por un lado los franceses defienden que, despuecito de que la Revolución Francesa había estallado en el siglo XVIII, existían una serie de parisinos que vendían este platillo sobre el puente más viejo de la ciudad, el Pont Neuf, en donde las preparaban a momento sobre  braseros y sartenes. Algo así como las tamaleras de hoy en día. No suena descabellada esta idea si pensamos que seguro los pobres revolucionarios parisinos tenían poco acceso a recursos culinarios en tiempos de guerra. 

Por otro lado están los belgas que dicen que la papa frita nació en el sur del país, en Namur. Dicen que sus habitantes acostumbraban comer pequeños pescados que obtenían en el río Mosa, pero que en un invierno particularmente frío este se congeló y los pobres no pudieron pescar. Sin poder obtener acuático alimento, dicen, se pusieron a cortar las papas en forma de pequeños peces. Me suena un poco a historia para niños, pero ellos lo defienden. 
Yo digo que lo importante no es de donde vienen o quien las inventó; lo verdaderamente interesante es la manera de hacerlas de cada país y como es que son consumidas.
Según el especialista cultural belga Roel Jacobs “Los franceses y los belgas han optado por vías diferentes. Para los primeros, la frita acompaña a la carne, normalmente un bistec, mientras que los belgas la suelen comer sola, acompañada con una salsa”, cuenta Jacobs.
“Los belgas hemos convertido la patata frita en un producto noble y no un simple vegetal”, dice Albert Verdeyen, cocinero escritor. “Pero sobre todo, controlamos mejor que nadie el arte de la doble cocción, para que sean doradas y crocantes”.
Sin embargo, la doble fritura no es la única manera de alcanzar una papa perfecta. Yo conozco al menos cuatro formas de preparar papas fritas crujientes:
1. Doble cocción clásica
2. Doble cocción, una en agua después en aceite
3. Una cocción en aceite desde frío
4. Doble cocción con congelamiento

Así, declaro inaugurada esta mini sección llamada "En busca de la papa perfecta" en donde, además de probar recetas y técnicas para hacer papas fritas, iré platicando y comentando de papas probadas en diferentes lugares. Los invito a que, junto conmigo, encontremos las mejores papas del mundo mundial. 

14 julio, 2013

Tres fantásticos emparedados.

Hay días en los que uno no tiene ánimos (o tiempo) para ponerse a cocinar algo muy complicado; hay momentos que los que se necesita preparar algo fresco para el calor o para llevar; hay noches en las que uno simplemente tiene ganas de jugar con las combinaciones de ingredientes más insospechadas. Para eso existen los sándwiches o emparedados que, además, pueden llegar a ser todo una maravilla si se logran las mezclas adecuadas, algo así como jugar poker.
Por eso aquí les dejo tres de las combinaciones más divertidas, frescas y deliciosas que he preparado. Recuerden que el secreto es tener buenos ingredientes para tener un buen sanguich!
Bon Apetite!!



1. Sándwich de jamón serrano, requesón y panela orgánicos, albahaca y espinaca baby frescas (de mi huerto) con pan integral, en este caso de centeno.

Simple y saludable. Toda una delicia para esas tardes / noches de bochorno!




2. Sándwich de salchicha para asar, queso gouda artesanal, mostaza a la antigua, pan integral y queso chihuahua por fuera. Simplemente hay que poner el trozo de queso sobre la plancha, encima el pan y solito se levantará si se le da el tiempo necesario. No necesita aceite ni mantequilla.

Muy cremoso, reconfortante y calientito. Perfecto para tardes lluviosas.



3. Y para terminar uno de pescado! Inspirado en un emparedado de Jamie Oliver, es un sándwich muy ligero y rápido de preparar. Yo suelo comprar esos paquetes de barras de pescado empanizado listas para comerse y las mantengo congeladas. Simplemente meto una algunos segundos en el microondas, lo coloco dentro de una telera con frijoles y le pongo mucha, mucha lechuga; de varios tipos si tengo a la mano. Es todo! si queda muy seco pueden ponerle un poco de catsup, de preferencia hecha en casa. Listo!


15 junio, 2013

La escuela de ingredientes esenciales


¿Alguien aquí se ha puesto a pensar que sería de la "alta cocina contemporánea" sin sus recetas? o ¿Qué pasaría con un famoso chef sin sus creaciones? Pero no me refiero a que solamente fueran eliminadas sus recetas recientes; trato de imaginar que rumbos tomaría la gastronomía mundial si estuviera prohibido crearlas, escribirlas y publicarlas.
Deténganse por un segundo a pensar que harían ustedes para cocinar algo delicioso, reconfortante o elegante sin seguir un solo libro, una guía, nada. ¿Podrían?
Pues para Lillian, la protagonista de La escuela de ingredientes esenciales, novela de Erica Bauermeister es una premisa que sigue cada día de su vida culinaria.
Su historia es interesante y con un toque de realismo mágico. Cuenta que cuando era niña su madre encontró el los libros un escape de la realidad, y aunque esto podría sonar bien, lo que sucedió fue que dejó de prestar atención al mundo entero, incluida su pequeña hija. Esto llevo a que Lilllian descubriera en una pequeña tienda en su barrio, a una mujer que además de ofrecer productos de cocina de calidad, vio en Lillian un don, una chispa; y desde el primer momento supo que habría de enseñarle los secretos de la cocina.
Años después, Lillian se volvió toda una chef respetada y exitosa, y decidió empezar a dar clases de cocina por las noches, en la cocina de su restaurante: La escuela de ingredientes esenciales. En ella les enseña a sus alumnos que la cocina no es solamente un placer y un arte, si no que a través de ella, el cocinero tiene el poder de influir en las personas, su estado de ánimo y sus vidas por medio de la comida. Se olvida de recetas y temarios cuadrados para observar con detenimiento a cada uno de sus aprendices y cambiar sus vidas por completo con solo enseñarles a cocinar.
La verdad es que es un muy buen libro para todo aquel que, como yo, piensa que la mejor cocina no es la más pretenciosa ni la más cara, si no la que nos llega al alma.