Esta receta me gusta porque es una combinación entre cocina oriental y occidental. Es perfecta con trozos de salmón o cualquier otro pescado que muchas veces se queda en las pescaderías porque son las secciones laterales o las orillas del filete, pero que no tienen nada de malo. Además, son mucho menos costosas.
También se puede hacer con cualquier verdura que tengamos en la cocina, y como se necesita poca, puede hacerse incluso con sobrantes de otros caldos o verduras. Lo único es que debe mantener el jengibre, los fideos y pescado. A partir de ahí pueden experimentar con otras combinaciones. Y como siempre digo: que hay que revivir esas viejas costumbres de crear un platillo nuevo a partir de las sobras de uno anterior. Basta de tirar comida a la basura!
Para dos platos
Ingredientes:
1 limón
1 diente de ajo grande
1 trozo de jengibre fresco del tamaño del ajo
1 zanahoria pelada, y cortada en rebanadas finas
1 ramito de brócoli, sin el tallo grueso
2 cucharadas de aceite de olivo
1 ramito de perejil fresco, sin tallos grandes, picado no tan fino
250 ml de fondo (caldo) de res, pollo o verduras
250 g de fideos de arroz
100 g de salmón fresco, sin piel, cortado en cubos de 2 cm.
Sal y pimienta
Preparar los fideos en agua hirviendo según las indicaciones del paquete. Poner dentro de la misma olla caliente (ya sin agua), rociar un poco de aceite de olivo, tapar y reservar.
Primero meter en el microondas el ajo pelado para poderlo machacar. Después se pela el jengibre con el borde de una cuchara, tratando de eliminar lo menos de carne que se pueda para aprovecharlo. Juntos se muelen el ajo, jengibre y un poquito del perejil en un morterito de madera o de piedra. Debe de molerse bien para lograr una pastita que se pone, después, en el aceite caliente. Cuando empiece a tomar color suave, se agrega la zanahoria y se deja cocinar por unos cinco minutos, moviendo ocasionalmente.
Cuando todo este tomando un color dorado se vierte el caldo ya sea de res, pollo o verduras, (aunque yo recomiendo el primero) en frío para levantar los sabores del fondo. Se pone a fuego alto y en cuanto suelte el hervor se reduce el calor al mínimo. En este punto se agrega el brócoli, cortando los ramitos en trozos pequeños para que se puedan tomar con la cuchara, el salmón y el resto del perejil, dejando un puñito para decorar. Tan solo 10 minutos después se cerciora que el salmón esté cocido y si es así, se retira del fuego y se sazona con sal y pimienta al gusto.
Se sirve colocando un poco de fideos en el fondo del plato, luego la sopa y finalmente un poco de perejil picado y un chorrito de limón. Se puede acompañar con un buen pan y, como diría Julia: Bon Apetit!!
07 febrero, 2013
10 enero, 2013
El bacalao de mi bisabuela
Estas pasadas fiestas decembrinas me di a la tarea de conocer a fondo las recetas de la comida navideña que tanto me gusta y que tanto espero con ansia. Al mismo tiempo por azar le toco a mi familia llevar el bacalao a la cena del 24, así que me propuse obtener el mayor conocimiento de este platillo a través de mi abuela. Toda una experiencia.
En primer lugar me di cuenta que un
buen guiso, de esos de antes, no consiste solamente en saber dos o tres trucos
en la receta; todo comienza desde donde comprar los ingredientes, tener el
tiempo necesario para seleccionarlos con calma y por supuesto, comprar los de
mejor calidad.
Así fue que mi abuela y yo fuimos
a comprar el bacalao a una conocida tienda de vinos y productos gourmet desde
mediados de noviembre porque, en sus palabras, hay que seleccionar el mejor
antes de que esté escogido. Me enseñó que debíamos buscar el que no estuviera
tieso, que tuviera un color bien blanquito pero sobre todo que tuviera lonjas
bien gorditas. Así lo aprendí.
Ese era el ingrediente clave, obviamente, pero no por eso compramos los demás de menor calidad. Al final, salimos de la tienda con tres kilos de pescado salado, un frasco grande de chiles güeros, otro de pimientos en conserva y una buena lata de aceitunas sin hueso, todo importado de España.
Ya en diciembre, y a no más de
una semana antes de la fecha fuimos a comprar al mercado los jitomates,
cebollas, ajo, hierbas y demás elementos frescos. Algo importante fueron las
papas cambray puesto que ahora hay una gran cantidad de papas (por no decir
verduleros) farsantes que venden papas pintadas con colorantes. En fin, todo
estaba listo.

Uno de los errores más frecuentes
al preparar el bacalao es que no desala correctamente y por eso a mucha gente
no le gusta, al encontrarlo salado. Sin embargo esto es fácil de controlar con
el lavado del pescado. Nosotros empezamos a remojar el bacalao en agua fría un
día antes de cocinar, cambiando la misma cada dos rigurosas horas y dejándolo toda
la noche sumergido.
El día de la cocinada empezó
cuando pusimos a hervir el bacalao ya remojado en agua limpia durante 10
minutos. En cuanto salió lo desmenuzamos y lo reservamos.
Ya en la cacerola grande pusimos el aceite a calentar, agregamos la cebolla bien picada y el ajo. Cuando empezaron a tomar color agregamos los jitomates escalfados y picados, el perejil y el puré, y lo dejamos bastante hasta que se ponga chinito. se agrega el bacalao. Ya al final se agregan las aceitunas, papas, chiles y se sazona.
Ya en la cacerola grande pusimos el aceite a calentar, agregamos la cebolla bien picada y el ajo. Cuando empezaron a tomar color agregamos los jitomates escalfados y picados, el perejil y el puré, y lo dejamos bastante hasta que se ponga chinito. se agrega el bacalao. Ya al final se agregan las aceitunas, papas, chiles y se sazona.
Al final me di cuenta que en
realidad la receta no es tan complicada, solo que hay que preparar varios
ingredientes con distintos procesos como pelar las papas, desmenuzar el
pescado, etcétera.
08 enero, 2013
Las extraordinarias e impactantes fotos de Marcel van der Vlugt
Recientemente descubrí casi por
casualidad a este fotógrafo, leyendo alguno de los blogs que leo de cajón; me
decidí a echarle un vistazo a su trabajo y créanme que fue una sorpresa lo que
me encontré.
Marcel van der Vlugt nació en Ámsterdam
en los ochentas, según su página web. De lo que pude ver en su obra se ha dedicado
principalmente a la fotografía de moda con algunas colaboraciones para campañas
y marcas específicas. Ha trabajado en muchos países y ha presentado su trabajo
en una infinidad de galerías. Pero dentro de este mundo de imágenes lo que
realmente quiero mostrarles es un par de series fotográficas que realmente me
impactaron, pero también me atraparon. Se
trata de fotografías que, para mi gusto, combinan de manera genial la estética
de mujeres bellas con la naturaleza casi animal y grotesca, por no decir simple
y humana, de algunos alimentos. Además no sé que hace con las miradas de las
modelos que logra un contraste buenísimo entre la rudeza del “maquillaje” con
la claridad en los ojos. Fascinante. Sin duda sus imágenes son algo
que cualquier amante de la fotografía y la cocina debe ver. Les dejo algunas de mis favoritas.
07 enero, 2013
el 2012 y el recuento de los daños
2012. Fue un año excepcional.
Esto no quiere decir que fue bueno o malo, simplemente fue fuera de serie. Tuvo sus lados increíbles y fatales;
divertidos y tristes; fantásticos y bastante aburridos, fue muchas cosas el
2012. Este año, que recibí en Oaxaca, viajé mucho. Fui a Nueva York con lo que
cumplí uno de mis mayores sueños. Estuve frente a las señoritas de Avignon,
frente a la noche estrellada y se me
salieron las lágrimas de emoción. Caminé, comí, reí, me recosté y soñé en
central park. Vi una obra de Broadway que me hizo sentir una alegría añorada.
Me sentí niño de nuevo fascinado por los dinosaurios en el Museo de Historia
Natural y comí comida hindú callejera hasta que me harté. Caminé el puente de Brooklyn
de punta a punta probé el sándwich de roastbeef más rico y alto de mi vida. Saludé
a la srta libertad en persona. Recorrí Chinatown, Little Italy, upper west side
y todo Manhattan a pie.
Este año también cumplí otro de
mis sueños: entré a clases de cocina. Fue y es fantástico, porque aún no
termino. Amasé panes, horneé filetes, decoré pescados y me enchilé con los
moles. Me corté dos dedos bastante feo pero cicatricé rápido. Lavé y lavé
trapos de cocina. Me levanté temprano aunque estuviera desvelado y me quité la
barba (aunque no me gustara) cada sábado. Me volvió a crecer en la playa y me
la volví a rasurar. Fui y vine de guerrero una y mil veces. Comí pozole verde
hasta que literalmente me dio diarrea. Hice muy buenos amigos en ese lugar,
además de compañeros de trabajo. Me aventé a hacer un buen negocio vendiendo
panes de muerto y me sorprendí con la gran venta que logramos Diana y yo. Amasé,
corté, pesé, horneé tantos y tantos de panes hasta tener su olor impregnado en
la piel y lo disfruté mucho. Por supuesto que me comí muchos panes de muertos,
por eso este año también subí varios kilos. Visité a mi hermano en su
graduación. Lo abracé, me sentí orgulloso, jugué con su perro hiperactivo y
acampé en su depa. Hice compras relámpago en San Diego y conocí la casa de mi
Padre en Tijuana. Alcancé a conocer de pasadita a la hija dormida de Erick. Este
año también convencí a mi novia de que adoptara un gatito. Fui feliz con él y
luego casi me muero de la alergia. Corrí por primera vez una carrera de 10
kilómetros y quedé en el lugar 62 de 2000, aunque hubiera entrenado como loco
solo un mes antes; me siento bastante contento de ello y por eso colgué mi
medalla en la pared, ja!
Fui a varios de los mejores
conciertos de mi vida. Vi The Wall, cosa que creí que nunca sucedería y fue
fantástico. Vi por segunda vez al sr. McCartney y lo disfruté igual que la primera
vez, aunque no estuve en la fila por horas. Me quité el miedo a los karaokes. Conocí
lugares increíbles de mi país: Actopan, Puerto Escondido, La Conchita (a
detalle), San Miguelito, entre varios más. Pasé muchas muchas horas en un
camión leyendo, durmiendo, leyendo, viendo películas, leyendo de nuevo. Leí más
libros en un año de lo que jamás había logrado; leí unos buenos, unos malos,
unos tristes, unos increíbles, pero leí muchos. Me peleé con un banco durante
seis meses; casi desisto y fue espantoso, pero al final me di cuenta que era
algo que me quitaba energía y lo dejé ir. Voté por el peje de nuevo, y de nuevo
me arrepentí. Revelé todos mis rollos de 35 mm atrasados y me di cuenta que no
soy tan buen fotógrafo, pero que me sigue gustando mucho hacer foto. Pasé mucho
más tiempo con mis amigos de la prepa de lo que había pasado en mucho tiempo; me
di cuenta que uno es bien sentido y el otro bien fresa, y aun así siguen siendo
de mis mejores amigos. Fui tío dos veces más.
Este año cambié de iphone, lo
perdí y me compré otro; gasté mucho dinero en eso, pero no importa porque para
eso es. También tomé mucho vino, de muchos tipos y de muchos precios y me di
cuenta que me gustan más los más baratos. Conocí a mucha gente genial:
arqueólogos, restauradores, arquitectos… más restauradores. Por fin pude ir a
ver al Cirque du Soleil y la verdad no me gustó tanto, pero me divertí. Fui a
festejar el grito a Puebla y ni siquiera salimos de la casa por estar en la
fiesta. Dos veces intenté ganarme una beca para estudiar en el extranjero y no
gané ninguna, pero aprendí a hacer el trámite para otros intentos. También
aprendí que no por no ganar me voy a poner triste. Así es la vida.
Pasé horas infinitas con mi novia
que tanto quiero. Nos divertimos juntos, nos peleamos, nos reconciliamos. Vimos
cientos de películas en las que en la mitad ella se durmió. Cocinamos juntos,
viajamos juntos, lloramos juntos, dormimos juntos, caminamos juntos, soñamos
juntos y fue maravilloso, juntos. Estoy agradecido por eso. Mejoré mi relación
con la familia política y entendí que la familia de sangre no siempre es a la
fuerza. Extrañe muchísimo a Diego, pero estoy aprendiendo a dejarlo ir.
Se acabó el mundo, volvió a
empezar y sobreviví.
Este año aprendí mucho,
muchísimo. Tomé muchas cervezas, comí como loco, probé muchas cosas nuevas,
tomé cientos de cafés y descubrí el expreso. Empecé mi blog de cocina y me
tiene encantado. Acabé mi sillón. Recorrí lugares nuevos en el centro de la
ciudad. Me enamoré de la Merced. Empecé a aprender francés por mi cuenta, por
internet; aunque también supe que me falta disciplina para ser autodidacta.
Dormí, tuve insomnio, ronque, soñé y dejé de soñar para correr al trabajo.
Descubrí que soy alérgico al fresno. Conocí la acupuntura y hasta ahora, me
gusta. Planté muchas semillas aunque sigo esperando para cosechar los frutos. Mejoré
mis hábitos de ahorrar y ser bien administrado lo que me ha ayudado mucho a
cumplir mis sueños, aunque aún soy muy desidioso; pero estoy mejorando en eso.
Decidí vivir solo y se lo dije a
mi madre y me costó mucho trabajo y lo logré.
Me siento más honesto conmigo
mismo de lo que he sido en toda mi vida. Dejé de mentir, de engañarme por engañar
a los demás. Aprendí que de nada sirve aparentar, si no ser feliz conmigo
mismo. Me compré un Wii. Platiqué mucho más con mi abuela y me enseño la receta
del bacalao de mi bisabuela; y nos quedó delicioso. Sonreí más, platiqué menos
pero ya no me deprimí como cada año. Me volví más independiente, cosa que no
había logrado en mucho tiempo
Ha sido un año largo, diferente, difícil
a ratos pero increíble. En pocas palabras me gustó aunque faltan muchas cosas
por hacer, sueños que alcanzar, trabajo por realizar, obstáculos que sortear,
nuevas recetas que aprender y viejas que practicar. Tantas y tantas cosas
nuevas que comer, lugares que visitar, abrazos que dar.
Ahora me queda claro que el 2012 fue
un gran año, y que me enseñó una cosa muy importante: que el 2013 tiene que ser
mejor y, aunque va a estar difícil, sé que así será.
20 diciembre, 2012
La cocina decembrina
¿Porque será que la comida navideña siempre sabe tan bien? ¿Qué la hace tan deseable? ¿Será tan solo que es muy buena o hay algo detrás de tanta delicia? ¿Tendrá que ver con todo el espíritu navideño o será independiente? A mi, la verdad, nunca me ha gustado mucho el rollo religioso de ésta época. Es más, ni siquiera creo en ello. Eso de arrullar al niño, pedir posada, y demás cosas no son mucho lo mío.
Pero debo confesar que lo que sí me atrapa es el espíritu navideño al puritito estilo coca-cola. Si, es como de plástico, pero me gusta, aunque no hay que confundir la magnesia con la gimnasia y pensar que lo único que hay que hacer es consumir y comprar como locos. Yo creo que hay una cosa detrás de todo tipo de celebraciones decembrinas que son algo así como universales y que solamente se ha llegado a una especie de "convención" de juntarlas en esta temporada. Y es esto que todos sentimos cuando van llegando, poco a poco, los familiares que viven lejos, amigos que hace mucho no veíamos, reuniones, cenas, comidas, fiestas. Todo eso es una maravilla. Pero al final he llegado a la conclusión de que el pretexto de todo esto siempre es la comida. Y no es cualquier comida, si no la fantástica comida navideña.
Entonces ¿que es lo que tienen esos platillos? ¿será, acaso, que se trata de aquello que está en boga en los carísimos restaurantes actualmente? ¿eso que suelen llamar el maridaje emocional? Pues yo creo que sí. Porque ¿que tendrían unos romeritos, relativamente sencillos de cocinar, contra un chile en nogada o un mole oaxaqueño? la respuesta es la compañía. La alegría que viene de descansar del trabajo, salir de viaje tal vez, no se. Es rico.
Para mi la cocina decembrina (aunque realmente es a partir del 15 de septiembre) es ola mejor de todo el año. Aunque hay una sola cosa mejor que la comida navideña: el recalentado.
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